¿Puede el ajo reducir el riesgo de Cáncer?

El ajo forma parte de ese amplio grupo de alimentos al que se le viene atribuyendo propiedades saludables desde hace cientos de años.

De hecho, hay abundantes referencias históricas que muestran que el ajo ya se consumía en la Antigüedad por sus supuestas propiedades terapéuticas.

Los supuestos beneficios del ajo van desde la prevención de infecciones, catarros y enfermedades cardiovasculares hasta la prevención del cáncer.

El ajo pertenece al género de plantas Allium (cebolla, ajo, puerro y cebollas tiernas, entre otras), que se caracterizan por un alto contenido en compuestos organosulfurados y antioxidantes, además de vitaminas, aminoácidos, fructooligasacáridos y otros micronutrientes.

Los mensajes que vinculan el consumo de determinados alimentos y sustancias con la reducción del riesgo de cáncer “es fuente de confusión” para mucha gente, y de la que se han aprovechado otro tanto.

Lo cierto es que esta relación ha sido ampliamente estudiada a través de investigaciones científicas que han agrupado multitud de estudios.

Pero las pruebas científicas disponibles no permiten aclarar la cuestión con un mínimo grado de certeza. Los resultados de la investigación, en su gran mayoría derivados de estudios observacionales, no aportan información precisa y de confianza para dilucidar si el consumo habitual de ajo puede o no reducir el riesgo de cáncer.

Faltan estudios apropiados, de tipo clínico y bien diseñados para poder establecer una relación causa-efecto y no de tipo correlacional como en los estudios observacionales.

Lo que sí está claro es que el riesgo de padecer cáncer se debe a múltiples factores, que pueden ser genéticos, medioambientales o de estilo de vida. Sin embargo, es posible determinar que algunos hábitos no ayudan a prevenir la enfermedad como el tabaquismo, la falta de actividad física o el sobrepeso. Y que seguir una dieta de forma global sana y equilibrada puede ayudar a disminuir el riesgo de cáncer, ya que no existen “alimentos milagro”.

Dicho esto, los organosulfurados que contienen el ajo a los que se les atribuyen diferentes propiedades saludables (sobre todo en su estado crudo ya que, durante la cocción, se destruye la alicina, la sustancia activa que nos beneficia), aunque no milagrosas, por lo que debemos seguir disfrutando de este magnífico alimento y de su inconfundible sabor.

¡Truco!

Para preservar sus propiedades, a pesar de la cocción: se aconseja escachar el ajo y dejarlo en reposo unos diez minutos antes de cocinarlo, de esta forma facilitamos el proceso de transformación que hace que la aliína se convierta en alicina: la sustancia antitumoral que buscamos.

Bibliografía

Nicastro, H. L., Ross, S. A., & Milner, J. A. (2015). Garlic and onions: their cancer prevention properties. Cancer prevention research8(3), 181-189.

Proyecto Nutrimedia, Universidad Pompeu Fabra. Enlace: https://www.upf.edu/web/nutrimedia/notas-de-prensa/-/asset_publisher/tPnJGwwT0G1z/content/id/220477120/maximized#.YL6Q3_lKhPZ

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Pedro J. Martín Pérez

Dr. Pedro Martín Pérez, Médico de Salud Comunitaria

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