La miel, ¿tan saludable como dicen?

Este producto viscoso y dulce es una materia prima que nos regala la propia naturaleza y al que siempre hemos recurrido como un remedio curativo sin precedentes.

Aunque siempre hemos situado la miel como una alternativa totalmente opuesta y mucho más saludable que el azúcar, lo cierto es que ambos edulcorantes no distan demasiado.

La composición de la miel depende del origen floral, los factores climáticos, del estado de la colonia, los métodos de recolección, de la raza apícola, etc. Pero mayoritariamente, un 80% de la composición de la miel son azúcares, donde destaca un 30% la glucosa y un 40% la fructosa.

Otros componentes son agua (aproximadamente un 20%) y también podemos encontrar ácidos, minerales, proteínas, elementos aromáticos, vitaminas,… los cuales se encuentran en cantidades muy pequeñas, pero estas cantidades son irrisorias. Legalmente, para poder afirmar que un alimento es “fuente” de una vitamina o mineral, 100 gramos de dicho alimento tienen que cubrir como mínimo el 15 por ciento de las recomendaciones, cosa que no se cumple en el caso de la miel.

Recordemos que, desde 2015, la OMS describe con claridad que los azúcares presentes de forma natural en la miel (80%) son azúcares libres (diferenciándolos de los azúcares intrínsecos presentes en frutas y verduras enteras y frescas). 

LOS HIDRATOS DE CARBONO y Azúcares: QUÉ SON, TIPOS.

Por tanto, el consumo excesivo de miel, supone el mismo riesgo para la salud que el azúcar de mesa, pues un aporte elevado de azucares libres en la dieta habitual puede aumentar las probabilidades de padecer obesidad y sobrepeso, hipertensión e incrementar el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares como la enfermedad coronaria y favorecer la aparición o empeorar la diabetes.

La OMS recomienda un consumo de azúcares libres inferior al 5% de la ingesta calórica total (lo que equivale a 5 cucharaditas de azúcar de mesa), incluidos pues, también los de la miel.

A pesar de la multitud de beneficios que se le otorga a la miel. La mayoría no se han podido demostrar por varios motivos. En algunos casos porque no se realizan en humanos. En otros casos, son estudios a pequeña escala sobre la prevención de diferentes enfermedades con diferentes tipos de miel. Así que, las pruebas de que la miel tiene efectos específicos para la salud en humanos son limitadas y no concluyentes sobre sus propiedades promotoras de la salud.

Consumo de miel en niños

Un aspecto a añadir es el riesgo de botulismo infantil que se asocia a la miel.

El microorganismo Clostridium Botulinum, responsable de la enfermedad, puede encontrarse presente y puede producir intoxicaciones graves en niños. El comité científico de la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) recomienda evitar la miel en niños menores de 1 año, puesto que, dada la inmadurez de su sistema digestivo, es posible que las esporas de este microorganismo germinen y den lugar a la bacteria del botulismo.

¿Qué miel elegir?

Es importante tener en cuenta que las mieles industriales que, además de las sustancias incluyen algunos colorantes, aditivos y compuestos aromáticos. Asimismo, los tratamientos de calor que sufre el producto para lucir una consistencia más líquida suelen acabar con la mayoría de antioxidantes, vitaminas y enzimas que podrían aportar algún beneficio en el individuo.

Coincidiendo con la obligatoriedad de indicar el origen de la miel, la asociación de consumidores OCU ha realizado un análisis de varias marcas de miel vendidas en los supermercados y una de sus principales conclusiones es que en aquellas que mezclan producto de varios países ya no hay miel de origen chino, como sucedía en años…

De la muestra de 18 mieles «milflores» evaluadas, la OCU ha señalado que no ha encontrado ninguna «adulteración por adición de azúcares», aunque ha lamentado que en el etiquetado no se advierta de que la miel no es adecuada para menores de un año y que no incluya instrucciones para su conservación y licuación en caso de que cristalice.

Por lo tanto, puestos a elegir, lo que se aconseja es escoger la miel natural o cruda. La miel que no ha sufrido ningún proceso de transformación desde que se recolecta del panal hasta que se envasa para su consumo es la que se denomina miel cruda.

¿Entonces qué hacemos con la miel?

Toma miel si te gusta, por supuesto. Pero no abuses de ella. Ya que tenemos que tener en cuenta que la miel ni es un alimento “milagro” ni es un “superalimento”. Pero tampoco hay que demonizarlo. Lo importante es seguir una dieta sana, variada, equilibrada, con un control adecuado de los alimentos y siendo consciente de lo que comemos, de esa forma evitaremos déficits y excesos nutricionales y conseguiremos un mejor bienestar.

Bibliografía

Raatz SK, Johnson LK, Picklo MJ. Consumption of Honey, Sucrose, and High-Fructose Corn Syrup Produces Similar Metabolic Effects in Glucose-Tolerant and -Intolerant Individuals..  J Nutr. 2015 d’octubre; 145 (10): 2265-72. 

Registro de la UE sobre las declaraciones nutricionales y de salud. European Commission. [Online]:http://ec.europa.eu/food/safety/labelling_nutrition/claims/register/public/?event=search

World Health Organization. Guideline: Sugars intake for adults and children. Geneva; 2015

www.ocu.org

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Pedro J. Martín Pérez

Dr. Pedro Martín Pérez, Médico de Salud Comunitaria

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